Las dos caras del sol

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Relajación autógena

El verano. Esa época del año en la que parece que todo lo malo se va. Se van las preocupaciones académicas que tienes durante el año, se va la depresión, se va el mal tiempo, y por irse hasta se va el mal color corporal que tenemos durante el invierno. Sí, ese color que no se sabe muy bien si es blanco o amarillo pero que en definitiva, no es nada favorecedor. Pero también llegan cosas. Llega el buen tiempo, llegan las vacaciones, llega el calorcito y llega la relajación.

Pues bien, el post de hoy lo quiero dedicar a todas esas cosas que llegan y que nos proporcionan salud y bienestar. Porque, ¿qué mejor época del año que el verano para relajarse?

Hablemos del sol. Hablemos de lo bien que se siente uno cuando está en la playa tumbado tomando el sol con el sonido del mar de fondo. ¿No me digáis que no es de las cosas más relajantes del mundo? Lo mejor del sol es que eleva el estado de ánimo y te anima con solo verlo brillar. Pero eso no es todo. El sol tiene muchos más efectos positivos de los que se piensa. El sol mejora el descanso, aumenta nuestra vida sexual e incluso nos protege frente a la depresión. Esto puede ser una buena terapia para evadirte de los problemas y relajarte.

El sol tiene un lado brillante, positivo y feliz, capaz de aportarnos bienestar físico y mental, pero (siempre hay un pero) no podemos tomar el sol sin precaución. Porque entonces todos los beneficios de los que he estado hablando, no servirían de nada. No podemos exponernos al sol sin ningún tipo de control. Hay que tener en cuenta varios factores antes de tomar el sol. Debemos ponernos siempre protección solar apropiada a nuestro tipo de piel y evitar las horas centrales del día.

Así que ya sabéis, coged la toalla, la protección solar y el bañador y dejaros bañar por los rayos del sol.

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